
La Región de Aysén es la primera en tasa de femicidios en el país y la segunda en violencia intrafamiliar (VIF). Por ello, nuestra socia Angela Arenas encabeza un proyecto que busca instalar el piloto de una herramienta tecnológica para pesquisa temprana de riesgo y prevención. Si bien, la iniciativa se enfoca en adultos, también considera información fundamental sobre las personas mayores.
Por lo anterior, Angela Arenas, quien lidera el Laboratorio de Investigación Avanzada de Ciencia de Datos en Derecho en la Universidad Finis Terrae, viajó hace algunos días -junto a otras investigadoras- a esa lejana zona, para entrevistar al personal de salud y profundizar en los factores de riesgo. Esto permitirá contrastar la información que ya manejan de esa Región.
La abogada precisa que han comprobado que la VIF tiene características especiales en ese territorio, dependiendo del tramo de edad de la persona agredida. Así, entre “las personas mayores afecta tanto a hombres como mujeres y, generalmente, proviene de familiares más jóvenes, como los hijos u otro familiar que no es la pareja”. Asimismo, aclara que, entre los 18 y 59 años, “de preferencia es la pareja, padre o hermanos quienes agreden”.
Aunque no han analizado toda la información, ya advierten que “el aislamiento, el machismo y la falta de transporte aparecen como los principales factores de riesgo. La denuncia es mucho más difícil porque no siempre hay personal de Carabineros cerca, lo más inmediato es el centro de salud donde se acude por violencia física y para curar las heridas”.
Sin red de apoyo
Relata Angela Arenas que no existe red de apoyo para la o el afectado, ya que el vecino más cercano está a muchos kilómetros de distancia, A este complejo panorama de aislamiento se suma que solo se pesquisa violencia física: “si la persona mayor llega lábil a denunciar, no se considera que es por violencia sino una condición de su edad, porque existen muchos prejuicios”, plantea. Por ello, la capacitación a equipos de salud y funcionarios de Carabineros también será central.
Concluye la investigadora que retornó a la capital con la convicción de que los profesionales, “debemos abocarnos a atender las zonas extremas y más despobladas. Sabemos que este trabajo no tendrá impacto inmediato, pero vale la pena desarrollarlo porque puede generar cambios culturales muy profundos en esa comunidad”.
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