
Chile llegó demasiado rápido a la longevidad. En poco más de dos décadas alcanzamos la estructura demográfica que a Europa le tomó un siglo. Sin tiempo para formar especialistas, adaptar ciudades ni ajustar la protección social y menos aprender a cuidar, el país se encuentra en la encrucijada de responder a una demanda que irá en aumento y para la cual las instituciones deberán adaptarse sobre la marcha.
Nuestro país duplicó su proporción de personas de 65 años y más en cerca de 26 años, una de las transiciones demográficas más rápidas del mundo, comparable a la de Japón. Según el INE con base en el Censo 2024, la población de 60 años y más pasará del 21% en 2026 al 26,4% en 2035 y al 36,5% en 2050. Estas proyecciones restringen el tiempo disponible para articular decisiones públicas y privadas, por lo que urge apurarse.
Y la ventana de decisión tiene fecha, ya que el crecimiento de la población se vuelve negativo en 2028 y comienza a decrecer en 2036. Cada año sin ajustes reduce el margen de maniobra tanto fiscal como organizativa.
Bajo esa mirada, se creó el Núcleo Envejecimiento 2050 hace unos meses, con la participación de 24 expertos de diversos ámbitos, convocado por el Centro Transdiciplinar en Longevidad Funcional (Vitalia Finis) y el Centro de Políticas Públicas de Salud de la Universidad Finis Terrae. De esta manera, esta instancia presentó recientemente 10 propuestas estratégicas para anticipar los desafíos de una sociedad cada vez más longeva.
El Núcleo es liderado por el Dr. Juan Carlos Molina, Past President de la SGGCH y entre sus integrantes está nuestra socia, Dra. Pamela Valenzuela como revisora experta invitada. En la ceremonia de lanzamiento del documento, expuso la presidenta de la SGGCH, Dra. Adriana López Ravest, y asistieron la directora Dra. Soraya León y la socia Dra. Nataly Cajas.
Cambio de enfoque
El objetivo central de esta iniciativa es convocar a hacer realidad el envejecimiento saludable. La OMS estima en 67 años la esperanza de vida saludable en Chile, lo que implica que se puede vivir más de una década con alguna condición crónica, dolor, limitación funcional o dependencia.
Por ello, las propuestas convergen en un cambio esencial de paradigma: considerar al envejecimiento como una variable de planificación en toda política pública y privada a lo largo del curso de vida y no solo asociarla a la vejez. No se proponen estructuras paralelas sino fortalecer políticas existentes, articular leyes y coordinar programas e instituciones en torno a una planeación de largo plazo.
El documento se estructura bajo tres pilares que son: salud funcional; mercado de trabajo y protección social; y educación y combate al edadismo. Estos son apoyados por dos ejes transversales denominados el envejecimiento como variable de toda la planificación pública y privada, y, en segundo lugar: datos, evidencia y comunicación para una nueva longevidad.
En salud, se plantea implementar progresivamente una red de atención geronto-geriátrica desde la Atención Primaria; reforzar la prevención de la pérdida de funcionalidad, cognición y fragilidad durante el curso de vida, e impulsar un piloto que distinga soledad, aislamiento y trastornos de salud mental, y conecte la pesquisa con apoyo comunitario o atención psicológica.
En segunda instancia, se abordan el mercado de trabajo y la protección social de una sociedad longeva. Entre las propuestas se incluye promover una gestión de la edad y una empleabilidad protegida después de los 60 años; fortalecer el rol y reconocimiento de las personas cuidadoras; y reducir las barreras de acceso al crédito para quienes buscan emprender.
Por último, se profundiza en la educación como formación permanente y el combate al edadismo. En este ámbito se sugiere desarrollar un programa nacional de alfabetización para la nueva longevidad a lo largo del curso de vida, además de establecer un marco nacional de competencias sobre envejecimiento para la formación universitaria, técnica y continua.
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