
Chile atraviesa un proceso sostenido de envejecimiento demográfico y un aumento histórico de la longevidad. Este fenómeno suele analizarse desde las presiones económicas o sanitarias que genera; sin embargo, plantea desafíos culturales y políticos igual de urgentes, especialmente en relación con la inclusión, la participación y la valorización de las personas mayores.
A pesar de su relevancia, persisten prácticas de edadismo, exclusión social y una profunda subvaloración de la experiencia acumulada. Esto no solo merma la calidad de vida de este grupo etario, sino que también implica una pérdida cultural significativa para la sociedad en su conjunto.
En el marco del Día del Patrimonio Cultural 2026, es imperativo comprender que envejecer es parte fundamental de nuestro patrimonio cultural inmaterial y vivo. Las trayectorias de vida, los oficios tradicionales, las memorias barriales, los relatos cotidianos y las experiencias de resiliencia constituyen un acervo invaluable que debe ser resguardado, visibilizado y transmitido de manera intergeneracional.
Para frenar esta pérdida, se hace fundamental incorporar la educación en envejecimiento desde la infancia. Promover desde etapas tempranas una comprensión positiva del paso del tiempo y el respeto por los mayores no solo previene la discriminación futura, sino que nos permite educar en diversidad, empatía y convivencia. Mirar la vejez como patrimonio es, en definitiva, asegurar la continuidad de nuestra propia identidad social.
Sr. Marco Espíldora Hidalgo
Dra. Adriana López Ravest
Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile